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01.Fragmentación y contemporaneidad
Lo raro del cuerpo no es tanto la cantidad de formas que puede tener, sino la manera que tenemos de habitarlo, de descomponerlo en partes útiles mientras intentamos mantenernos ilesos en un mundo que constantemente nos aísla y fragmenta.
Algunas veces solo transitamos el camino desde un cerebro flotante, hasta la mano que ejecuta su actividad o mando, haciendo que los deseos vayan activando las partes necesarias, las requeridas con más urgencia. A veces solo nos detenemos en los dedos, que como ahora están escribiendo en el teclado y los ojos que siguen con atención cada letra. No es mi intención en este escrito dar criteriosos consejos de como uno puede ser un cuerpo entero, si es eso posible, sino avisar que por lo menos yo lo estoy deshabitando. Y en esta forma a medias líneas, es extraño hasta donde puedo entender que existe el otro, ¿a partir de mí? ¿a pesar de mí? ¿conmigo? ¿en qué parte del mundo?
En qué postura se deja al exterior, si todo parece poder invadir y meterse adentro, qué sucede con el otro. La convivencia con la transparencia del aire, con la corporeidad ajena, desdibuja aún más los bordes a la vez que limitan los espacios y aíslan a estas cabezas flotantes de pensamientos enredados y acciones predictivas. Anciana de tanto pensar, ansiosa por la misma razón soy mi propio universo, mis propios problemas o triunfos.
Por otra parte, en este mundo contemporáneo que continuamente estrella una tras otra supuestas verdades -inmediatas y ya procesadas- directo en la cara, es muy complejo pararse a determinar que parte de nuestro cuerpo estamos usando, cual no, de qué manera y como esto lleva a la relación con las demás personas en medio del vértigo del vivir, en un día a día cada más acelerado. Por ejemplo, pienso en los pies que caminan, en el fin del traslado, que es también el talón que se apoya en el piso, el arco que le sigue y los dedos que parecen finalizar el movimiento, y más porque las piernas, las rodillas, los muslos, las caderas y siguiendo hacia arriba, van formando el movimiento de caminata, automático pero completamente certero de nuestro cotidiano vivir. (Y sigo viendo la conexión pensando en los bordes, sin mencionar lo que sucede adentro.)
A veces hacemos lo que podemos con lo que nos toca, con el mundo y el tiempo en el que fuimos largados. Pero ¿será realmente que en esta contemporaneidad nosotros como sujetos enteros hemos dejado de existir? Tal vez de a pedacitos nos vamos construyendo y de a pequeños espacios nos vamos recorriendo, reconociendo y encontrando con nuestras propias formas, con las ajenas y con ese exterior a veces tan extraño.
02. Vestirse
Como persona que fue por mucho tiempo la más chica entre las hermanas y mujeres de su familia heredé permanentes oleadas de ropas y formas preestablecidas de vestir. Hoy día terapia media, estaciones pasando me cuestiono qué tanto es o fue mío y qué es de alguien más.
Lo raro del cuerpo en este escrito, esta semana, para mi este año completo en particular, es cómo vestirlo. Cuándo la funcionalidad y lo que los demás ven de nosotros terminan conformando la identidad de nuestra forma exterior. Cuánto es que nos involucramos en la toma de decisiones de lo que nos ponemos, de lo que nos separa del infinito mundo de nuestras pieles con el exterior.
Porque cualquier persona puede decir que lo que nos ponemos no es siempre lo que somos, y es verdad también, que hay quienes no tienen la opción de elegir, completamente válido. Pero estoy hablando de quienes somos sin un uniforme, cuando dejamos de disfrazarnos y nos vestimos de nosotros.
Cual es esta decisión que tomamos y ejecutamos cuando nos vestimos de nuestro propio nombre, de nuestra propia forma, qué texturas queremos que nos acaricien, cuales son los colores que nos repelen Y POR QUÉ.
Hasta hace poco, la funcionalidad, los grises y azules dominaban mi perchero permaneciendo en mi estado de ánimo, la ropa cubriendo absolutamente todo, nada de aire para el cuerpo, nada de juego. Ropa que no recordaba exactamente de dónde había salido. Entonces arranque de a poco a tomar esas decisiones, pensando si algo de todo lo que tenía me identificaba o me pertenecían y que tanto era de otra persona o del pasado.
Me volví consumidora fiel de las ferias de ropa, que son por supuesto ropa que antes usaron otros, donde se encuentran combinaciones y propuestas estéticas de personajes anónimos que podemos imaginar con sus historias y pasados solo de manera aleatoria o fragmentada. Para mí un romance de cuerpos que cambiaron de pieles y las dejaron para que formen parte de la construcción y montaje de alguien más. En donde hay, aún en la contradicción de seguir adquiriendo ropa usada, una elección consciente de que forma parte del guardarropa.
Claro que vestirse no es una única manera de decir “soy”, pero a veces es un camino importante para ser, para sentirse siendo, es como dibujar en el cuerpo nuestros propios gustos, nuestros colores impresos como la misma piel, una forma de mostrarnos y darnos a conocer desde afuera. La primera línea de defensa que puede empezar a indagar en el interior, el primer asomo a vernos también a nosotros mismos.
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